Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de junio de 2020

Feliz Día del Campesino


Cada 24 de junio se conmemora en el Perú el «Día del Campesino», en una jornada en la que se rinde homenaje al hombre y a la mujer del campo, que con su arduo trabajo forja el carácter de nuestro país.

En las regiones de la costa, sierra y selva del Perú, millones de agricultores celebran este día. En algunos departamentos se realizan fiestas típicas en agradecimiento a la Madre Tierra , junto a sendos homenajes a los hombres del campo.

Origen del Día del Campesino

El 23 de mayo de 1,930, Augusto B. Leguía, decretó oficialmente la celebración del 'Día del Indio', con la finalidad de destacar la importancia que tiene el hombre del ande para el desarrollo del país.

Posteriormente, el 24 de junio de 1,969, Juan Velasco Alvarado promulga la Ley 17716 de la Reforma Agraria con la cual, también, se cambia el nombre de 'Día del Indio' por el de 'Día del Campesino'.

El 24 de junio en la época de los incas era motivo para celebrar la fertilidad de la tierra y la influencia del Sol, a través de la fiesta del Inti Raymi.

Todo lo logrado por los incas con las técnicas de andenería y distribución de sus tierras en topos, fue desbaratado en la época de la Colonia. Los campesinos dejaron sus ayllus y fueron llevados a las minas como bestias de carga y esclavos.


Rusia celebra 75 años de "la hazaña histórica" contra la Alemania nazi


El presidente ruso, Vladímir Putin, llamó este miércoles a crear un sistema de seguridad mundial para hacer frente a las nuevas amenazas, al presidir en la plaza Roja la parada militar dedicada al 75 aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial.

"Estamos abiertos al diálogo y a la cooperación en los asuntos más actuales de la agenda internacional. Entre ellos, la creación de un sistema de seguridad fiable y común", aseguró Putin al dirigirse a los líderes extranjeros y veteranos invitados al desfile, en el que participan más de 14.000 soldados rusos y de otros países.


Putin, quien tuvo que aplazar el 9 de mayo la tradicional parada de la victoria debido a la pandemia del coronavirus, subrayó que dicho sistema de seguridad es lo que necesita "un mundo complejo y que está cambiando a una gran celeridad".  "Solo juntos podremos defenderlo (el mundo) de las nuevas y peligrosas amenazas", proclamó.

El jefe del Kremlin, que pidió un minuto de silencio en memoria de los caídos en la contienda conocida en Rusia como Gran Guerra Patria, subrayó que el Ejército Rojo fue el que hizo una mayor contribución a la derrota de las tropas hitlerianas.

"Debemos recordar que el pueblo soviético asumió la mayor carga en la lucha contra el nazismo (...) En eso radica la principal, sincera y nada turbia verdad sobre la guerra", dijo Putin, quien recordó que Hitler envió en 1941 a la URSS más del 80 % de sus fuerzas militares y las de sus satélites.

Además de expulsar al invasor, recalcó, el Ejército Rojo liberó Europa, puso fin al Holocausto y salvó al pueblo alemán de la ideología asesina del nazismo, logros que costaron a los soviéticos un "precio incalculable", ya que en territorio extranjero cayeron cientos de miles de soldados. "Es imposible imaginar qué hubiera ocurrido con el mundo si no hubiera salido en su defensa el Ejército Rojo", afirmó.

Recordó que la primera parada de la victoria tuvo lugar, precisamente, el 24 de junio de 1945, acto que pasó a la historia como el triunfo del "bien sobre el mal, la paz sobre la guerra y la vida sobre la muerte".


Con la excepción del presidente serbio Aleksandar Vucic, sólo asisten al desfile los dirigentes del espacio postsoviético, entre ellos los presidentes de Kazajistán, Uzbekistán y Bielorrusia. Putin había invitado a la parada del 9 de mayo a los principales líderes mundiales, incluido los de los países derrotados, Alemania y Japón, pero la pandemia de la COVID-19 frustró sus planes.


martes, 16 de junio de 2020

Perú sobrepasa las 7.000 muertes por coronavirus y ya suma 237.156 positivos confirmados



Perú alcanzó este martes la fatídica suma de 7.056 víctimas fatales desde el inicio de la pandemia del coronavirus, al registrar 196 decesos en el último día, según informó el Ministerio de Salud.

Con 4.164 nuevos contagios reportados en las últimas 24 horas, la cifra de casos confirmados de coronavirus en el país suramericano se elevó a 237.156.

sábado, 4 de noviembre de 2017

El 4 de noviembre de 1780 inició la rebelión de Túpac Amaru II


José Gabriel Condorcanqui (Surimana, 1738 - Cuzco, 1781) fue un revolucionario peruano. Descendía por línea materna de la dinastía real de los incas: era tataranieto de Juana Pilco-Huaco, la hija del último soberano inca, Túpac Amaru I, que había sido ejecutado por los españoles en 1572. Más de doscientos años después, en 1780, el vigoroso José Gabriel, hombre carismático, culto y de elegante estampa, lideró el más importante de los levantamientos indígenas contra las autoridades coloniales españolas.



Tras el fracaso de la revuelta, que ha sido vista como el preludio de las luchas por la independencia, fue ejecutado con extrema crueldad, uniendo su destino al de su ancestro. Las rebeliones indígenas prosiguieron durante dos años en diversas regiones del país, y obligaron a las autoridades a introducir poco más que algunas reformas. Pero el nombre de Túpac Amaru se convirtió en símbolo y bandera para posteriores insurrecciones indígenas y criollas; todavía en el siglo XX diversos movimientos guerrilleros revolucionarios reivindicaron su figura.

Biografía

Hijo del cacique Miguel Condorcanqui, nació Surimana o quizá en Tungasuca hacia 1738, y se educó con los jesuitas en el Colegio de San Bernardo de Cuzco. Durante un tiempo se dedicó al negocio del transporte entre las localidades de Tungasuca, Potosí y Lima, para lo cual contó con un contingente de varios centenares de mulas; hizo también fortuna en negocios de minería y tierras. Hombre educado y carismático, llegó a ser cacique de Tungasuca, Surimana y Pampamarca, y las autoridades reales le concedieron el título de marqués de Oropesa.

Su prestigio entre los indios y mestizos le permitió encabezar una rebelión contra las autoridades españolas del Perú en 1780; dicha rebelión (precedida por otras similares) estalló por el descontento de la población contra los abusos de los corregidores y contra los tributos, el reparto de mercaderías y las prestaciones obligatorias de trabajo que imponían los españoles (mitas y obrajes).

José Gabriel Condorcanqui adoptó el nombre de su ancestro Túpac Amaru (razón por la que sería conocido como Túpac Amaru II) como símbolo de rebeldía contra los colonizadores. Se presentó como restaurador y legítimo heredero de la dinastía inca y envió emisarios para extender la rebelión por todo el Perú. El levantamiento se dirigía contra las autoridades españolas locales, manteniendo al principio la ficción de lealtad al rey Carlos III. Sin embargo, no solamente los insistentes abusos de los corregidores, sino también la dureza de algunas de las recientes medidas impulsadas por la misma monarquía española (y las cargas económicas que implicaron para la población indígena) fueron el motor de la sublevación de Túpac Amaru II.



Las raíces de una crisis

Los levantamientos de finales del siglo XVIII, en especial en las regiones con una fuerte presencia indígena, fueron el preludio de la descomposición del imperio español en América. Debido a la penuria en que se hallaban las arcas públicas a causa de los conflictos internacionales, la corona española impuso una carga fiscal excesiva en sus dominios americanos. El despliegue reformista que transformó el viejo orden colonial entre los años 1776 y 1787, período en que José de Gálvez ocupó la Secretaría de Indias, tuvo consecuencias divergentes en los distintos territorios. En general, las nuevas medidas favorecieron el crecimiento de las economías portuarias vinculadas al comercio con España.

En cambio, sobre las regiones que habían sido hasta entonces centros neurálgicos del imperio, como Perú, el impacto fue más bien negativo. Las ciudades sufrieron un claro retroceso, como muestra el estancamiento de Lima, y se desencadenó una crisis económica, con caída de la industria y de la circulación monetaria, así como una gran inquietud social a causa de la fuerte presión fiscal, que castigó duramente a las clases campesinas y urbanas, atrapadas entre el descenso de sus ingresos y el alza de los precios. Las poblaciones indígenas, el eslabón más débil del sistema económico, no podían cumplir con estas imposiciones; sufrieron los abusos de los corregidores, y no encontrarían otro camino que enfrentarse a esa opresión con métodos violentos.

Al llegar a Lima el visitador José Antonio de Areche (enviado por José de Gálvez para ejecutar las nuevas medidas dictadas por la corona), se inició un sistemático aumento de los impuestos de alcabala y un reajuste de los impuestos aduaneros en el sur de Perú, lo cual produciría grandes dificultades comerciales. Por ejemplo, para ir de Arequipa al Cuzco había que pasar por territorio del Virreinato del Río de la Plata, porque Puno pertenecía a esa jurisdicción, y ello comportaba el pago de impuestos aduaneros. Por otra parte, una vez legalizado el reparto forzoso de mercaderías (la obligación de comprar mercancías al corregidor a precios injustamente altos), se intentó regular legalmente esta abusiva práctica comercial, restringiéndola a un tope que no podía ser excedido. No obstante, el corregidor Antonio Arriaga, encargado de los cacicazgos de José Gabriel Condorcanqui, había sobrepasado con creces dicho límite.

Los indígenas peruanos sufrían además la imposición del servicio personal forzoso o mita: periódicamente eran llamados y obligados a trabajar en las minas, en los campos, en las obras públicas y en el servicio doméstico a cambio de un salario irrisorio. Curiosamente, se concedían mitas para la construcción de casas para particulares porque se consideraba de "interés público", pero no así para el cultivo de determinadas plantas juzgadas dañinas, como la coca y la viña.



El sistema de mitas tuvo graves consecuencias, porque el traslado de la sierra al llano y del llano a la sierra de la población indígena (lo que se ha dado en llamar la "agresión climática") desencadenó una gran mortandad entre los indios peruanos; las aldeas se iban despoblando, de modo que a los supervivientes les tocaba cada vez con más frecuencia cumplir el servicio de mita. No eran los únicos en ser explotados: los que trabajaban en los obrajes (fábricas de tejidos) comenzaban su tarea al alba, no la interrumpían hasta que las mujeres les traían la comida y continuaban hasta que faltaba la luz solar, en una extenuante jornada.

La rebelión de Túpac Amaru

Ante este intolerable estado de cosas se produjeron numerosos alzamientos, de intensidad creciente, y que tuvieron escenarios y razones variadas; pero en Perú y en el territorio de la Audiencia de Charcas, las manifestaciones más o menos puntuales de descontento popular se transformarían en una sublevación general que sacudió los cimientos del orden colonial. Debe decirse que Túpac Amaru intentó primeramente promover, de forma pacífica, reformas que aliviasen la insoportable situación de sus protegidos. En 1776 se trasladó a Lima para solicitar que se exonerara a los indígenas de los servicios de mita y de la abusiva explotación que padecían en los obrajes. Pero todas sus reclamaciones fueron desatendidas y en 1778 volvió a su cacicazgo de Tungasuca.

La revuelta no se haría esperar. El alzamiento se inició el 10 de noviembre de 1780, con la ejecución del despótico corregidor Antonio Arriaga, que había sido apresado en Tinta por sus partidarios. Túpac Amaru lo mandó ajusticiar en la plaza de Tungasuca, ordenando asimismo la destrucción de diversos obrajes. Como respuesta inmediata, las autoridades de Cuzco enviaron una expedición punitiva formado por mil doscientos hombres, que cayó derrotada en Sangarará el 18 de noviembre.

Por razones difíciles de comprender, Túpac Amaru no intentó entonces el asalto definitivo a Cuzco, sino que regresó a Tungasuca, se autoinvistió de la dignidad de soberano legítimo del imperio incaico e intentó ingenuamente negociar la rendición de la ciudad. Mientras tanto, los llamamientos enviados a través de sus emisarios extendieron la revuelta por todo el Bajo y el Alto Perú y parte del virreinato del Río de la Plata, es decir, por la actual Bolivia, Perú y el norte de Argentina. Con razón la historiografía considera que la de Túpac Amaru fue la más importante insurrección del siglo XVIII contra el dominio español: su influencia se dejó sentir incluso en la revolución de los comuneros del virreinato de Nueva Granada (1781) y tuvo profundas repercusiones en toda la América española.

La reacción fue, como era previsible, militar y no diplomática. En enero de 1781, las fuerzas de Túpac Amaru II fueron rechazadas por los españoles en las inmediaciones de la antigua capital: el asedio de Cuzco había fracasado. A partir de entonces el movimiento se estancó y pasó a la defensiva. El virrey Agustín de Jáuregui mandó desde Lima un poderoso ejército de 17.000 hombres, al tiempo que desalentaba la rebeldía haciendo concesiones a los indios (como crear en la Audiencia una sala especial para atender sus quejas o limitar los poderes de los corregidores).


Derrota y ejecución

Apenas un mes antes de ser derrotado, Túpac Amaru envió una carta a las autoridades coloniales en la que expresaba tanto su preocupación por la situación de sus protegidos como su posición ideológica. En dicha misiva se aprecia la amplitud de sus conocimientos; se declara católico, recuerda la acción de Vespasiano y su hijo Tito en la destrucción de Jerusalén, y compara a sus opresores con "ateístas, calvinistas y luteranos, enemigos de Dios"; detalla los abusos cometidos por los funcionarios, pide que los indígenas no sean reclutados como esclavos y que desaparezcan los malos corregidores y las encomiendas. Tras una minuciosa denuncia en torno a cada uno de los problemas planteados, basa su reclamación de justicia en el derecho indiano, del que era profundo conocedor, ya que había cursado estudios jurídicos en la Universidad de Chuquisaca.

En la noche del 5 al 6 de abril de 1781, el ejército virreinal asestó el golpe definitivo a los sublevados en la batalla de Checacupe. Túpac Amaru II se retiró a Combapata, pero fue traicionado por el criollo Francisco Santa Cruz, que lo entregó a los realistas junto con su familia. Para el líder de los rebeldes estaban reservadas, en los días que mediaron entre su captura y su ejecución, las torturas mandadas ejecutar por el implacable visitador José Antonio de Areche, cuya misión consistía en averiguar los nombres de los cómplices del vencido caudillo. Sin embargo, pese a los pocos miramientos que tuvo para con el prisionero, no obtuvo de Túpac Amaru sino esta noble respuesta: "Nosotros somos los únicos conspiradores: Vuestra Merced por haber agobiado al país con exacciones insoportables y yo por haber querido librar al pueblo de semejante tiranía."

El 18 de mayo de 1781, conforme a la sentencia dictada cuatro días antes, el visitador Areche mandó ejecutar sañudamente, en presencia de Túpac Amaru, a la esposa, hijos y otros familiares y lugartenientes del cabecilla en la plaza de Cuzco. El propio Areche hubo de conceder que Túpac Amaru era "un espíritu de naturaleza muy robusta y de serenidad imponderable". Ello no fue óbice para que a continuación, convencido de que nunca lograría convertir a Túpac Amaru en delator, mandase al verdugo que le cortara la lengua, que le atasen las extremidades a gruesas cuerdas para que tirasen de ellas cuatro caballos y que se procediera a la descuartización. Así se hizo, pero las bestias no consiguieron durante largo rato desmembrar a la imponente víctima, por lo que Areche, según algunos piadosamente, según otros más airado que compadecido, decidió acabar con el inhumano espectáculo de la tortura ordenando que le cortaran la cabeza.


Cumplida la sentencia, se envió cada parte de su cuerpo a un pueblo de la zona rebelde, en un intento de dar a la ejecución un valor ejemplarizante. Aunque la revuelta continuó durante algún tiempo más (encabezada por un primo y un sobrino de Túpac Amaru) y algunas otras le siguieron, ninguna llegaría a revestir especial gravedad, y en este sentido la muerte de Túpac Amaru marcó el fin de un ciclo de levantamientos indígenas anticoloniales. Durante mucho tiempo algunos historiadores situaron en esta rebelión el inicio de la independencia del Perú; hoy posiblemente no se pueda ser tan enfático, puesto que se debe tener en cuenta que en el proceso de independencia intervinieron otros factores, como la conciencia de los criollos acerca de sus derechos de autogobierno. En cualquier caso, es innegable que el levantamiento de Túpac Amaru II tuvo un carácter plural, ya que en sus filas confluyeron indígenas, mestizos, criollos e incluso españoles, una integración que fue un paso importante para el logro de la futura emancipación.

martes, 31 de octubre de 2017

Martín Lutero: Las 95 tesis que revolucionaron Europa... y el mundo


Si la sangrienta historia religiosa de Europa se pudiera medir por cómo se han celebrado los centenarios de Martín Lutero (Eisleben, Alemania, 1483-1546), este del 31 de octubre de 2017 no puede ser más pacífico y ecuménico. Se conmemora el 500 aniversario de la Reforma protestante que el monje agustino lanzó clavando tal día como hoy sus famosas 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg y hasta el papa Francisco se ha unido a los festejos colocando una estatua en el Vaticano del (hasta hace poco) mayor de los herejes cristianos. Fue con motivo de un encuentro de líderes católicos y luteranos en el aula Pablo VI, en octubre del año pasado. Aunque la instalación era temporal, el gesto resultó impresionante. Francisco también viajó entonces a Suecia para participar con el presidente de la Federación Luterana Mundial, Munib Younam, en la apertura del ‘año Lutero’ en una ceremonia oficiada en la catedral luterana de Lund. Estas son algunas claves para entender este centenario de la Reforma.



Lutero. Karl Jaspers escribió que Martín Lutero forma parte de los “hombres decisivos de la humanidad, el primer descubridor de la subjetividad”. Tachado durante siglos como el peor de los herejes, con brutales execraciones, entre quienes han rehabilitado a Lutero abundan teólogos católicos de la talla de Yves Congar. “Es uno de los mayores genios religiosos de la historia, al mismo nivel que san Agustín y santo Tomás de Aquino”, dijo.

Wittenberg. A orillas del Elba, Wittenberg era en 1517 la capital del ducado de Sajonia, una ciudad próspera gracias al comercio y a sus riquezas mineras. Hoy tiene apenas 50.000 habitantes y vive sobre todo del turismo que atrae la fama de su huésped más famoso. Lutero era profesor de su universidad cuando lanzó sus tesis reformistas después de atravesar por una crisis espiritual que le llevó a concebir una nueva fe mientras estaba sentado haciendo sus necesidades en el retrete.

Reforma. El gran reformador contó cómo se produjo la conversión, pero la suya no fue una pataleta. A principios del siglo XVI, todas las personas importantes dentro de la Iglesia estaban clamando por reformas. Había corrupción. Los puestos eclesiásticos se podían comprar y vender. Muchos sacerdotes eran adúlteros, borrachos e ignorantes de las Escrituras. Maquiavelo lo escribió de manera brutal: ‘Nosotros los italianos somos más irreligiosos y corruptos que otros, porque la Iglesia romana nos ha dado el peor ejemplo’.

Cisma. Aquella noche de hace 500 años germinó el segundo gran cisma de la cristiandad, después de la separación en 1054 de católicos y ortodoxos. Lutero abría, además, nuevas maneras de ver el mundo. La Reforma marcó la historia de Europa y Estados Unidos.



Indulgencias. “Los justos vivirán por la fe”, fue la divisa evangélica de Lutero. No quiso fundar una nueva Iglesia sino debatir sobre prácticas condenables en el papado romano. “La gracia y la misericordia de Dios son gratuitas”, dijo contra las indulgencias, es decir, contra la compra de bulas papales que absolvían pecados siempre que se pagase dinero para dar más lustre y lujos a la basílica de San Pedro. Sostiene Lutero: “Predican que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando del purgatorio. Solo es lucro y avaricia. ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye la basílica con su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?”

Protestantismo. Con el cristianismo evangélico (luteranismo) surge una nueva forma de relación con Dios, pero también una revolución de la estructura social y la construcción política. Lutero predica la libertad de creencia y, en consecuencia, la libertad de pensamiento. Los protestantes creen que la salvación no depende de las obras sino de la fe. Solo tienen dos sacramentos, el bautismo y la eucaristía.

Biblia. Sapere aude. Ten el valor de usar tu propia razón. Con la traducción de la Biblia al alemán, una gran hazaña literaria, Lutero asumía uno de los retos de la Ilustración, que tanto ha ofendido al Vaticano: que la gente normal aprendiera a leer y a pensar, además de a disfrutar de la Biblia en su propio idioma, sin tutelas o censuras papales.

Contrarreforma. Si la Reforma fue el antecedente necesario de la Ilustración y el comienzo del mundo moderno, la Contrarreforma cierra España al mundo moderno. Ocurrió pese a que el emperador Carlos V fue un protector de Lutero, a quien Roma quería quemar vivo cuanto antes. La escena es famosa. Lutero se presenta frente al joven emperador en la Dieta de Worms (28 de enero de 1521) y mantiene su doctrina con la famosa respuesta “No puedo de otra manera”.



Inquisición. Se discute si la Inquisición fue en España mucho más brutal que en el resto de Europa, que ya es decir. El catolicismo español no aparece en la Europa del siglo XVI con los esplendores que reivindica la Contrarreforma. Esto dice Marcel Bataillon en un imponente ‘Erasmo y España’: “Se ha observado con mucha razón que la severidad misma de la represión inquisitorial es interpretada fuera de España como señal de que los españoles necesitan violencia para ser cristianos”.

Erasmo. Lutero y Erasmo coincidían en sus reflexiones sobre la libertad, la religión y la ética. Cuando medio mundo quería quemar a Lutero, Erasmo, el gran humanista del momento, se negó a elegir entre Roma y el reformador protestante. “Ni solidaridad con Lutero, ni guerra contra él. Soportaré esta Iglesia hasta que encuentre una mejor”, proclamó. Era una opción prudente, aunque ello no impidió que la Inquisición quemara a algunos de sus seguidores en España. Le dijeron una vez a Erasmo: “Usted puso el huevo y Lutero lo empolló”. Respondió: “Sí, pero yo esperaba un pollo de otra clase”.

Saco de Roma. La larga inquina entre el emperador Carlos V y el papado a propósito de Lutero y, sobre todo, por cuestiones de poder, culminó el 6 de mayo de 1527 con el terrible ‘saco de Roma’ por tropas al mando del duque de Borbón. Se ha dicho que los reyes de España fueron (son) más papistas que el Papa para hacerse perdonar aquel episodio de pillaje y muerte en el corazón del Vaticano.

España. El protestantismo llegó pronto a España, en los primeros años del reinado de Felipe II. La Inquisición se empleó a fondo, con brutalidad extrema, para impedir su expansión, con varios autos de fe y quema de herejes en Sevilla y Valladolid en 1559 y 1560. Felipe II llega a decir que prefería dejar de ser rey a reinar sobre herejes.




Jesuitas. El viaje de Francisco a Suecia para asistir a la apertura del ‘Año Lutero’ fue todo un símbolo porque quien da el paso por la parte de Roma es nada menos que un jesuita, la congregación que combatió en primera fila aquella reforma tomando incluso un nombre militar (la Compañía de Jesús). Hubo guerras y una división de la Europa cristiana en varios bandos. El conflicto fue religioso, pero también político. Las víctimas fueron los pueblos. ‘Cuius regio, eius religio’, es decir, la religión del rey será la religión de sus súbditos, fue una manera de sobrevivir.

Excomunión. Roma dudó sobre la necesidad de castigar a Lutero, famoso muy pronto en toda Europa. Finalmente, las 95 tesis fueron condenadas por León X el 15 de junio de 1520 por la bula Exsurge Domine y Lutero excomulgado al año siguiente. Se discute si Francisco prepara una rehabilitación. El Vaticano no podrá levantar la excomunión al fraile agustino (eso solo puede hacerse en vida), pero sí reconocer que las intenciones del famoso fraile no estaban erradas.

Mujeres. “El protestantismo no es más que la religión de los curas que se casan”, escribió con su habitual frivolidad Menéndez Pelayo. Fue un abanderado del pensamiento católico tradicional frente a la Reforma, a la que desprestigia una y otra vez en la Historia de los Heterodoxos’. Lo cierto es que la mujer representó un papel muy importante en la Reforma ya en vida de Lutero, entre otras su esposa, la monja cisterciense Catalina de Bora. Tuvieron seis hijos. Hoy abundan en las Iglesias evangélicas mujeres que ostentan el cargo de obispos o importantes puestos de dirección, mientras la Iglesia romana las mantiene en la marginación.

El País

lunes, 16 de octubre de 2017

La reina destronada María Antonieta fue ejecutada el 16 de octubre de 1793


El 14 de octubre de 1793, la reina destronada María Antonieta, calificada de azote y sanguijuela de los franceses, abandonó su celda y compareció, pálida y fatigada, ante el Tribunal Revolucionario, en La Conciergerie, en París, considerada la antesala de la muerte. 

La archiduquesa de Austria fue acusada de conspirar contra Francia y de promover intrigas de toda especie, de satisfacer sus caprichos desmesurados arruinando las finanzas del país e incluso de haber mantenido una relación incestuosa con su hijo Luis Carlos, delfín de Francia. 

Aficionada al teatro y a los grandes bailes, a los juegos de naipes y a la moda, María Antonieta fue odiada por un pueblo acosado por el hambre.


Abucheada e insultada

La mañana del 16 de octubre de 1793 todo París se halla en las calles, en los balcones y en los tejados. María Antonieta, abucheada e insultada, se dirige al cadalso con las manos atadas a la espalda, condenada a morir en la guillotina, a los 37 años de edad, y casi nueve meses después de la ejecución de su marido, el rey Luis XVI. 

Cae la cabeza de la reina y el verdugo la muestra a la muchedumbre que abarrota la plaza de la Revolución -la actual plaza de la Concordia, donde nace la avenida de los Campos Elíseos- y que grita con furia: ¡Viva la República!

Imagen: FINE ART IMAGES / GTRES

China detona su primera bomba atómica el 16 de octubre de 1964


596 es el nombre clave de la primera prueba de arma nuclear de la República Popular de China, detonada el 16 de octubre de 1964 en el sitio de pruebas de Lop Nor. Fue un dispositivo de fisión de implosión de uranio-235 y tuvo un rendimiento de 22 kilotones. Con la prueba, China se convirtió en la quinta potencia nuclear.

El proyecto 596 fue nombrado por el mes de junio de 1959 en el que se inició, inmediatamente después de Nikita Khrushchev decidió dejar de ayudar a los chinos con su programa nuclear el 20 de junio de 1959.



La República Popular de China comenzó a desarrollar armas nucleares a finales de 1950 con asistencia soviética sustancial. La orden para el programa de armas nucleares de China, designado con el nombre clave de "02", fue dado por el mismo presidente Mao Zedong, que creía que sin un arma nuclear, China no sería tomada en serio como una potencia mundial. Los acontecimientos de la Primera Crisis del Estrecho de Taiwán de 1954-55 cimentó la creencia de Mao de que a menos que China tuviera armas nucleares propias, estaría bajo constante amenaza de Disuasión nuclear de los Estados Unidos.

Antes de 1960, la ayuda militar soviética directa había incluido la provisión de asesores y una gran variedad de equipos. De la asistencia prestada, de lo más significativo para el futuro de la capacidad nuclear estratégica de China eran un reactor nuclear experimental, instalaciones para el procesamiento del uranio y un ciclotrón. En un momento la Unión Soviética incluso acordó suministrar a los chinos un prototipo de arma nuclear para análisis, este acuerdo no fue, sin embargo, puesto en práctica.

Cuando las relaciones sino-soviéticas se congelaron en la década de 1950 y comienzos de 1960, la Unión Soviética retuvo los planes y los datos para una bomba atómica, derogó el acuerdo sobre la transferencia de tecnología de defensa y, a partir de 1960, comenzó la retirada de los asesores soviéticos. A pesar de la terminación de la ayuda soviética, China se comprometió a continuar el desarrollo de armas nucleares para romper "el monopolio de las superpotencias en materia de armas nucleares", para garantizar la seguridad chinas contra las amenazas soviéticos y de Estados Unidos, y aumentar el prestigio y poder internacional de China, sobre todo con Francia que recién se convertía en una nueva fuerza nuclear en febrero de 1960 (Gerboise Bleue).

La primera bomba atómica china, cuyo nombre en código fue 596, fue detonada el 16 de octubre de 1964 en el Lop Nor sitio de pruebas nucleares. Se trataba de un arma nuclear de implosión, aunque utilizaba el uranio-235 exclusivamente para su núcleo - la mayoría de los países que persiguen la tecnología de implosión usan plutonio en sus núcleos, porque generalmente es más fácil de producir que el uranio-235 - ya que en ese momento no había desarrollado la tecnología de producción de plutonio. La prueba tuvo un rendimiento de 22 kilotones. China se las arregló para llegar a hacer una bomba de fisión capaz de ponerla en un misil nuclear sólo dos años después de su primera detonación, y detonaría su primera bomba de hidrógeno sólo tres años después, en 1967.


Los organismos de inteligencia de Estados Unidos fueron sorprendidos con la guardia baja por la prueba china en 1964. A pesar de haber fotografiado la preparación previa a la prueba en Lop Nur, muchos analistas de EEUU creían que los chinos estaban a meses si no años, lejos de tener un arma nuclear funcional, en parte porque asumieron erróneamente que la primera bomba China seria de plutonio y por que su instalación de enriquecimiento Lanzhou todavía no era operable (aunque había producido ya suficiente uranio altamente enriquecido para un número de bombas). Los analistas de EEUU, además, identificaron erróneamente una instalación diseñada para producir tetrafluoruro de uranio como una instalación de producción de plutonio, por lo que sus estimaciones de producción de plutonio Chinas fueron significativamente bajas. Estos errores se volvieron a examinar en detalle sólo después de que el análisis radioquímico de la nube radiactiva de la prueba china demostrara de manera concluyente que la bomba había sido un dispositivo U-235 de implosión.

martes, 10 de octubre de 2017

Andrés Avelino Cáceres murió el 10 de octubre de 1923


Andrés Avelino Cáceres Dorregaray. Militar y político peruano, héroe de la Campaña de La Breña contra la ocupación chilena de Perú durante la Guerra del Pacífico (1879-1883) y dos veces presidente de la República peruana (1886-1890 y 1894-1895) durante el Segundo Militarismo. Ingresó muy joven en el ejército y tomó parte en varios de los enfrentamientos civiles de la época al servicio de Ramón Castilla. Ascendido a capitán, acudió a la frontera cuando estalló la guerra con el Ecuador. Durante el gobierno del general Pezet fue desterrado a Chile por su oposición al presidente; cuando le fue permitido regresar al país, apoyó el golpe de Estado de Mariano Ignacio Prado y participó en el Combate del Callao o del 2 de mayo de 1866, en el que Perú derrotó a la flota española.

Al estallar la Guerra del Pacífico, Andrés Avelino Cáceres se encontraba en el Cuzco, y participó en los principales episodios del conflicto. En 1881 tuvo una actitud sobresaliente en la defensa de la capital de Perú, Lima, que terminó cayendo en manos de los chilenos. Herido, se refugió en el hospital jesuita y consiguió fugarse a la sierra central, desde donde comandó una heroica resistencia frente al ejército chileno, conocida como Campaña de La Breña, con el apoyo de los campesinos de la zona. Fue entonces cuando los chilenos empezaron a llamar El Brujo de los Andes a Andrés Avelino Cáceres por sus cualidades de estratega, que lo hacían parecer omnipresente. Después de una muy valerosa actuación, fue derrotado en Huamachuco en 1883.



Obligado el Perú a firmar el tratado de Ancón con Chile, Cáceres se opuso y se sublevó contra Miguel Iglesias. En 1886 fue elegido presidente; gobernó hasta 1890 y fue reelegido en 1894. Pero una coalición encabezada por Nicolás de Piérola lo obligó a entregar el mando. De 1905 a 1914 desempeñó cargos diplomáticos en Europa. En 1919, en reconocimiento a su brillante actuación en la Campaña de La Breña, fue honrado con el grado de Mariscal del Perú.

Biografía

Andrés Avelino Cáceres estudiaba en un colegio de su tierra natal cuando en mayo de 1854 lo visitó Ramón Castilla, caudillo que se había sublevado contra el gobierno de José Rufino Echenique, liderando a la facción liberal. El joven Cáceres se vio atraído por la figura del caudillo tarapaqueño y por los principios liberales, por lo que dejó de estudiar para convertirse en cadete del batallón Ayacucho, que estaba formando el general Fermín del Castillo.

Bajo sus órdenes, Andrés Avelino Cáceres libró en Lima la batalla de La Palma, en la fue derrotado. Por su participación fue ascendido a subteniente y muy pronto a teniente graduado y efectivo. Intervino nuevamente apoyando la causa de Castilla contra la revolución de Manuel Ignacio de Vivanco en Arequipa. Combatió en Yumina y Bellavista, y participó en el asalto de Arequipa, por lo cual fue ascendido a capitán. En la toma de la ciudad recibió una herida bajo el ojo izquierdo que, felizmente, no le comprometió la vista.

Cuando se dio el conflicto con el Ecuador entre 1859 y 1860, Cáceres, que estaba aún convaleciente por las heridas recibidas en su última campaña, acudió a la defensa de la frontera. Luego fue enviado por el presidente Castilla a Francia, como adjunto militar a la Legación peruana en París, para curarse viejas y nuevas heridas, volviendo al país en 1862. Se integró entonces al batallón Pichincha en Huancayo.

Al producirse los acontecimientos que llevaron a la guerra con España, Cáceres se opuso firmemente a la actitud, que consideraba pasiva, del gobierno de Juan Antonio Pezet frente a la ocupación de las Islas Chincha por la Expedición Científica Española. Por su dura crítica al gobierno fue apresado y desterrado con otros oficiales, que lograron huir a Mollendo. Los prófugos se unieron a la llamada Revolución restauradora del honor nacional, que Mariano Ignacio Prado lideraba contra Juan Antonio Pezet y el claudicante Tratado Vivanco-Pareja, que aceptaba las condiciones de la Armada española. Cáceres apoyó el golpe de Estado de Prado, participando en la ocupación de Lima. Con Prado en el poder, fue ascendido e intervino en el llamado Combate del Callao o del 2 de mayo de 1866, donde fue vencida la Armada española, que se retiró a la Isla San Lorenzo, para luego abandonar el Perú.



Después de estos hechos, Andrés Avelino Cáceres solicitó su retiro y entre 1868 y 1872 se dedicó a la agricultura en la tierra que lo vio nacer. En 1872 se opuso al intento de golpe de Estado de los hermanos Gutiérrez contra el que se convertiría en el primer presidente civil, Manuel Pardo Lavalle. El líder del Partido Civil le otorgó la jefatura del batallón Zepita, que Cáceres aceptó gustoso. Tuvo que apagar un conato de rebelión que surgió en sus filas y marchó a Tarma y Chanchamayo para completar la formación de sus hombres. Participó contra la rebelión de Nicolás de Piérola en Moquegua, batiéndolo en el Alto de los Ángeles; tras esta acción fue promovido a coronel graduado. Fue elegido Prefecto del Cuzco en 1877, sin abandonar sus obligaciones militares al frente del batallón Zepita.

La Guerra del Pacífico

Desempeñando este cargo se inició la Guerra del Pacífico (1879-1883), que enfrentó a Perú y Bolivia contra Chile por el control de la región situada al norte del desierto de Atacama, muy rica en salitre. Andrés Avelino Cáceres tuvo que dirigirse al sur en la II División, peleando en la Campaña de Tarapacá, las batallas de San Francisco (19/11/1879) y Tarapacá (27/11/1789). En esta última fue donde Andrés Avelino Cáceres tuvo una destacada actuación cuando logró tomar los cerros, haciendo retroceder a las tropas chilenas, que se vieron obligadas a abandonar sus cañones Krup. Si bien Tarapacá fue defendida gracias a la destreza de Cáceres, fue una victoria provisional, ya que el ejército peruano debió retroceder, dejando el territorio salitrero al enemigo.

Andrés Avelino Cáceres colaboró en la reorganización del Ejército del Sur para su concentración en Tacna junto con las tropas bolivianas al mando del nuevo presidente de Bolivia, Narciso Campero, que sucedía a Hilarión Daza, depuesto a finales de 1879. En Perú también se había dado una crisis política: el nuevo presidente era Nicolás de Piérola, que había derrocado por esas mismas fechas a Mariano Ignacio Prado. En ese contexto se dio la Campaña de Tacna, en la que intervino Cáceres, demostrando gran valor en el Alto de la Alianza (26/5/1880). Luego, el caudillo se dirigió a la capital, a la que arribó en agosto de 1880. Fue nombrado Comandante General de la V División del Ejército del Centro y partió a Huaral para concluir el entrenamiento del ejército de reserva.

Como coronel efectivo participó en la Campaña de Lima, la cual fue organizada personalmente por Nicolás de Piérola; poco dotado como estratega, Piérola ordenó formar dos líneas defensivas demasiado extensas: la de San Juan, compuesta por trincheras y que iba desde el Morro Solar hasta Monterrico chico, y la de Miraflores, que era la línea de reductos, que iba desde Armendáriz hasta camino a Chosica. Las tropas chilenas, al mando de Manuel Baquedano, desembarcaron en Pisco y Curayacu, tres millas al norte de Chilca, llegando a Lima por el Morro Solar, que estaba siendo defendido por Miguel Iglesias, el cual se vio obligado a retroceder ante la presión de las fuerzas chilenas. Cáceres participó en la fracasada batalla, teniendo que retirarse a Chorrillos con lo que le restaba de sus hombres en orden, luego de haber sufrido fuertes pérdidas.

Después de la derrota de San Juan, el 13 de enero de 1881, las tropas chilenas incendiaron Chorrillos y Barranco. Aprovechando la borrachera, Cáceres quería algunos soldados para atacar por sorpresa a los chilenos, pero Piérola se negó. El 15 de enero el ejército chileno rompía la línea de Miraflores, donde Cáceres luchó denodadamente, sufriendo la perforación de su fémur derecho. Acudió a un puesto ambulatorio en San Carlos, y fue escondido por los jesuitas en la celda del padre superior del Convento de San Pedro; dos días después la capital del Perú quedaba en manos de los chilenos. Estaba todavía en convalecencia cuando, el 15 de abril de 1881, huyó de Lima, temiendo ser hallado en las pesquisas que hacían las tropas chilenas. Marchó a Jauja y fue nombrado jefe político y militar de los departamentos del Centro.



La ocupación chilena

Con la caída de Lima el 17 de enero de 1881 se iniciaba la ocupación chilena (1881-1883), que obligó al gobierno peruano a refugiarse en las tierras altas. Cáceres organizó sus montoneras en el Valle del Mantaro, en la Sierra Central, y estableció su cuartel general en Matucana. Fue ascendido a general en agosto de 1881. Luego reubicó su cuartel en Chosica, pero no por mucho tiempo. Le fue ofrecida la presidencia en 1881, que no aceptó para no crear más divisiones. Las principales batallas de la Campaña de la Breña se dieron en Pucará el 2 de febrero de 1882; nuevamente en Pucará, Marcavalle y Concepción el 9 de julio de 1882; y en Huamachuco el 10 de julio de 1883.

Esta última fue la única derrota considerable que sufrió el líder, pues los demás encuentros fueron victorias de Cáceres, que hasta hoy se recuerdan y rememoran a través del folklore popular de la región. Por sus destrezas en la lucha, Cáceres se ganó el apelativo de El Brujo de los Andes. La exitosa Campaña de la Breña duró hasta que el caudillo del Norte, Miguel Iglesias, dio el Grito de Montán desde su hacienda en Cajamarca para poner fin a la guerra. Una asamblea nombró a Miguel Iglesias Presidente Regenerador del Perú y lo facultó para negociar un tratado con Chile. Ello llevó a la firma del Tratado de Ancón de 1883, al que Cáceres se opuso.

En la presidencia

Finalizada la contienda y como consecuencia de ella, comenzó en Perú la época del Segundo Militarismo (1884-1895), en la que los más importantes jefes militares de la guerra contra Chile dominaron el panorama político. Andres Avelino Cáceres se sublevó contra Iglesias, que tuvo que dejar el poder y convocar elecciones, saliendo elegido el héroe de la Breña. En su primer gobierno (1886-1890), Cáceres formó el Partido Constitucional.

En ese contexto de crisis a todos los niveles, Manuel González Prada pronunció un famoso discurso en el Teatro Politeama en 1888, en el que expresó una crítica feroz al pasado republicano y a sus líderes, entre ellos Cáceres, y reveló su profundo espíritu antichileno. Este discurso se dio en el marco de un evento realizado para recaudar fondos para la recuperación de Tacna y Arica, provincias que se hallaban en poder de Chile desde el final de la guerra. También en este período se desarrollaría el indigenismo, que buscaba superar la discriminación de que habían sido objeto los indígenas. Entre sus exponentes destacó Clorinda Matto de Turner. Fue una etapa importante a nivel cultural, que se vio enriquecida con una reflexión meditada.

Con el objetivo de cancelar la deuda externa debida a la crisis fiscal y a la ruina del crédito exterior provocada por la guerra, Andrés Avelino Cáceres firmó el discutido Contrato Grace en 1889. En virtud de este convenio, acordado entre el Estado peruano y Miguel Grace, representante de los tenedores de bonos de la deuda externa peruana, los bonistas ingleses cancelarían totalmente la deuda, que ascendía a 51 millones de libras esterlinas. A cambio, el estado peruano entregaría los ferrocarriles por 66 años y tres millones de toneladas de guano, y se comprometía a pagar 33 anualidades de 80.000 libras cada una.


Los tenedores de bonos constituyeron en Londres una compañía para la administración de los ferrocarriles: la Peruvian Corporation. Además, los bonistas debían concluir los tramos ferroviarios de Chicla-La Oroya (ferrocarril central) y Juliaca-Santa Rosa (ferrocarril del sur), y se comprometían a construir 70 kilómetros más de cualquier otro ferrocarril. Asimismo, se les concedió la libre navegación por el Lago Titicaca y el libre uso de algunos muelles del país. En esta época se inició la explotación del caucho y la agroexportación. Surgió el Banco Italiano, que al inicio atendía a residentes italianos y que en poco tiempo fue creciendo y empezó a atender también al público nacional.

Después de su período presidencial, Cáceres fue nombrado Ministro Plenipotenciario del Perú en Inglaterra y Francia. Le sucedió en la presidencia el coronel Remigio Morales Bermúdez, quien murió sin haber concluido su período de gobierno (1890-1894). Su segundo vicepresidente, Justiniano Borgoño, completó su período apoyado por el ejército.

La reelección y la guerra civil

Finalmente, se convocaron elecciones y resultó victorioso Cáceres, iniciándose así su segundo mandato presidencial (1894-1895), mucho más breve que el anterior. Frente a la reelección del héroe de la Breña se levantó una fuerte oposición, liderada por Nicolás de Piérola, fundador del Partido Demócrata, que se había unido a la Unión Cívica de los civilistas, formando la Coalición Nacional. La guerra civil que estalló en 1895 se debió, entre otros factores, a la oposición a la permanencia de los militares en el poder y a la reelección de Cáceres, cuya gestión había recibido duras críticas, sobre todo en lo referente a la firma del Contrato Grace.

En las provincias surgieron las montoneras pierolistas y caceristas, que luchaban entre sí. El 17 de marzo de 1895, Piérola entró en Lima con su gente por la Portada de Cocharcas. Durante varios días se prolongó la lucha en la capital, a pesar de que los caceristas habían sido forzados a retroceder al Palacio de Gobierno. Se calcula que murieron alrededor de mil personas, cuyos cadáveres, al no poderse enterrar, no sólo despedían un hedor insoportable, sino que también amenazaban a la ciudad con una epidemia. Frente a esta situación, el cuerpo diplomático se reunió y logró una tregua de 24 horas entre los dos bandos para sepultar los cuerpos. La paz fue prorrogada y Cáceres tuvo que renunciar. Con la victoria de Piérola se ponía fin al período que los historiadores han denominado Segundo Militarismo.

Finalizada la guerra civil, Andrés Avelino Cáceres se dirigió a Buenos Aires, donde permaneció hasta el año 1899; vivió también en París, y fue Ministro Plenipotenciario en Italia (1905-1911) y Alemania (1911-1914). Cuando volvió a su patria en 1915, promovió la elección de José Pardo y Barreda. Como el presidente no correspondió al favor, Cáceres apoyó el movimiento que lo derrocó en 1919. Fue honrado con el título de Mariscal el 10 de noviembre de ese mismo año. Andrés Avelino Cáceres falleció en Lima el 10 de octubre de 1923.

sábado, 7 de octubre de 2017

El 8 de octubre de 1879 tuvo lugar el Combate de Angamos



El 8 de octubre se produjo el combate de Angamos, que tuvo lugar en el año de 1879. La batalla naval ocurrió en Punta Angamos, el cual pertenecía a Bolivia (actualmente pertenece a Chile). El Huáscar y La Unión (naves peruanas) viajaban hacia el norte por la costa de Chile, después de haber completado varias operaciones ofensivas en los puertos chilenos, divisaron varios buques de la armada chilena a la distancia . Era la primera división chilena que constaba del Blanco Encalada, Covadonga y Matías Cousiño los cuales se dirigían hacia el sur por la costa del Pacífico, al divisar en el horizonte a El Huáscar y La Unión viajando en la dirección opuesta, procedieron a cerrarles el paso. En respuesta a las operaciones de Almirante Grau, la Armada de Chile había ordenado la captura de los buques peruanos.



Grau, observando el mayor tamaño y superioridad de la flota chilena decidió usar maniobras evasivas para así escapar del enemigo. El Huáscar y La Unión navegaron hacia el norte en un intento de llegar al Perú, pero se encontraron con la 2 ª División naval chilena (Cochrane y O’Higgins) a unas 22 millas de distancia. Al darse cuenta que La Unión podía avanzar más rápido que los demás barcos; se le dió la orden de seguir.

En cambio el Huáscar, al no tener otra opción, tuvo que luchar, El Huáscar disparó contra el Cochrane. Los barcos chilenos esperaron hasta tener dentro del rango de tiro al acorazado peruano antes de abrir fuego (los buques chilenos eran de lo último en diseño y tecnología inglesa, estaban armados con lo último en armamento). Uno de los disparos del Cochrane atravesó el puente del Huáscar matando al Almirante Grau y al primera teniente Diego Ferre. El mando del Huáscar fue asumido por Pedro Garezon, el barco estaba en un estado inoperable con la rueda dañada y sin control. Los oficiales restantes decidieron hundir el barco antes de que el enemigo pudiera apoderarse de él.

Se dio la orden y se abrieron las válvulas de la nave para permitir que el agua entre y inhundar el barco. La armada chilena al darse cuenta de que el barco se ralentizaba en su ritmo, decidió que era una buena oportunidad para capturar El Huáscar. La armada chilena se las arregló para subir al barco y ordenó a la tripulación restante cerrar las válvulas (la sala de máquinas tenía cerca de 1,2 metros de agua en ella).


Con El Huáscar fuera de servicio y en la posesión de las fuerzas chilenas el mar estaba abierto para los chilenos.

Por sus acciones heroicas en la cara de innumerables dificultades, el contraalmirante Miguel Grau fue ascendido a Almirante y es hasta hoy reconocido y celebrado como un héroe de la República de Perú.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Montesinos fue condenado a 20 años de cárcel por vender armas a las FARC


Vladimiro Montesinos fue condenado a 20 años de prisión por la venta de armas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el 21 de septiembre de 2006. 

El ex asesor del condenado ex presidente Alberto Fujimori, fue sentenciado por ser el autor del caso de contrabando de 10.000 fusiles AK-47 procedentes de Jordania  y desviados a los subversivos de las FARC en 1999.


Vladimiro Montesinos coordinó, junto con militares y otros implicados, el envío de las armas a los subversivos colombianos. Estos recibieron los fusiles AK-47, calibre 7,62 milímetros, en cajas que fueron arrojadas desde un avión que sobrevoló las zonas de los departamentos de Vichada, Guainía y Vaupés.

En agosto del 2000, Alberto Fujimori dio a conocer el “Plan Siberia”, mediante el cual afirmaba que su gobierno descubrió el envío ilegal de las armas a las FARC. Sin embargo, el proceso judicial demostró que este plan, presentado incluso en una conferencia de prensa, fue una farsa y solo pretendía ocultar el envío por parte del ‘Doc’.

La condena contra Vladimiro Montesinos, a cargo de la Primera Sala Anticorrupción, acusa los delitos contra la seguridad  nacional, suministro ilegal de armas y asociación ilícita para delinquir.  Otros nueve implicados recibieron condenas entre 15 y 4 años, incluido el paracaidista Santos Cenepo.

Esta es una de las sentencias más altas impuesta al ‘Doc’, sin contar la de 25 años que recibió por la autoría mediata de los crímenes cometidos por el grupo Colina en las matanzas de Barrios Altos, El Santa y el asesinato del periodista Pedro Yauri.

José de San Martín inaugura el Congreso peruano el 20 de septiembre de 1822


El Congreso Constituyente del Perú de 1822 fue la primera institución política elegida democráticamente en el Perú. Sus miembros, llamados diputados, fueron designados en elecciones populares convocadas por el Libertador José de San Martín, quien ejercía entonces el poder como Protector del Perú. 

La labor principal de esta asamblea fue dar a la República del Perú su primera constitución política, que fue la Constitución liberal de 1823. Además, ante el retiro de San Martín, entregó el Poder Ejecutivo a tres de sus miembros, que conformaron un cuerpo colegiado denominado la Suprema Junta Gubernativa y cuya cabeza era el general José de la Mar. Posteriormente, ratificó de manera sucesiva a los primeros Presidentes de la República del Perú: José de la Riva Agüero y José Bernardo de Tagle (más conocido como el Marqués de Torre Tagle).



Historia

Luego de la proclamación de la independencia del Perú, en la antigua capital del Virreinato del Perú, Lima, el 28 de julio de 1821, el general José de San Martín asumió el mando político militar de los departamentos libres del Perú, bajo el título de Protector (con el permiso peruano), según el decreto del 3 de agosto de 1821.

San Martín fue quien dio al estado peruano su primera bandera, su himno, su moneda, así como su administración primigenia y sus primeras instituciones públicas. Pero faltaba dar una Constitución Política y mientras tanto, impuso un Reglamento provisorio, reemplazado después por un Estatuto.

El 27 de diciembre de 1821, San Martín convocó por primera vez a la ciudadanía con el fin que eligiera libremente un congreso constituyente mediante el Decreto Nº 146, con la misión de establecer la forma de gobierno que en adelante regiría al Perú, así como una Constitución Política adecuada. Dicho dispositivo ordenaba para el 1 de mayo de 1822 la instalación del congreso, pero tuvo que retrasarse la fecha al 27 de abril por no haberse redactado a tiempo el reglamento de elecciones.

El congreso se instaló finalmente el viernes 20 de septiembre de 1822 y se compuso de 79 diputados elegidos y 38 suplentes para las provincias ocupadas por los realistas. Entre sus miembros se contaban los más destacados miembros del clero, el foro, las letras y las ciencias. Ante este Congreso, San Martín renunció al protectorado y se alistó para abandonar el Perú.

Para las juntas preparatorias, se eligió presidente a Toribio Rodríguez de Mendoza, quien había educado en la filosofía de Ilustración a la generación de la Independencia siendo rector del Convictorio de San Carlos. Mucho de sus antiguos discípulos figuraban ahora como diputados.


Como Presidente del Congreso fue elegido el diputado por Arequipa Francisco Xavier de Luna Pizarro, y secretarios José Faustino Sánchez Carrión —autor de las famosas cartas de «El Solitario de Sayán», en las que abogaba por la república federal como forma de gobierno— y Francisco Javier Mariátegui, también de tendencia liberal.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Un golpe militar pone fin al segundo gobierno de Perón el 16 de septiembre de 1955


El segundo gobierno de Juan Domingo Perón inició el 7 de marzo de 1952, y finalizó el 16 de septiembre de 1955, a raíz de un golpe de Estado que impuso una dictadura militar.

En 1949, Perón había reformado la Constitución Nacional, donde se lo habilitó para poder ejercer un nuevo mandato (1952 a 1958). A partir de su reelección, en la cual obtuvo la victoria con un 62% de los votos, se produjeron algunos cambios significativos en el plano económico. Los salarios, que habían aumentado considerablemente hasta ese momento, se congelaron al igual que los precios por medio de contratos bianuales. El IAPI comenzó nuevamente a subvencionar al sector agrario. Se logró controlar el proceso inflacionario. El llamado al capital extranjero con el propósito de desarrollar la industria pesada, Segundo Plan Quinquenal, fue motivo de polémicas y atrajo las críticas de los opositores, entre ellos Frondizi.



En 1953 la sociedad (oligarquía-pueblo) se polarizó definitivamente porque el gobierno comenzó a encarcelar opositores, censuró todos los medios de la oposición y se intentó "peronizar" a la sociedad (imponiendo La razón de mi vida en los programas secundarios, la obligatoriedad de afiliarse al Partido Justicialista a los empleados públicos, libros escolares donde se alababa al gobierno, poner de nombre a La Pampa "Eva Perón" y a Chaco "Presidente Perón", llamando a La Plata "Ciudad Eva Perón", etc). 

Ya empezarían los actos terroristas de los antiperonistas como el Atentado en la Plaza de Mayo del 15 de abril de 1953, que ocurrió cuando el presidente daba un discurso y cuando se escuchó las explosiones, Perón dijo que hicieran algo útil por el país en vez de poner bombas. Como respuesta a las bombas que causaron muertos y heridos grupos de civiles peronistas fueron a incendiar locales opositores. El conflicto entre el peronismo y el antiperonismo se agudiza, para descomprimir la situación el gobierno dicta una amnistía y libera a 4000 presos políticos, pero ya era demasiado tarde.

En 1954 Perón logró la sanción de la Ley Nº 14394, cuyo artículo 31 incluía el divorcio, y esto provocó el enfrentamiento con la Iglesia Católica que había apoyado activamente al peronismo hasta ese año. Tras el derrocamiento de Perón, este artículo fue suspendido mediante el decreto ley 4070/1956 y el divorcio recién volvería a ser aceptado en 1987 mediante la Ley Nº 23515. 

El 30 de diciembre de 1954 mediante un decreto Perón autoriza la apertura de prostíbulos, que estaban prohibidos desde décadas atrás. También se sacó los términos de hijos "legítimos" e "ilegítimos", se suprimió la enseñanza de religión obligatoria, se quitaron subsidios a colegios católicos, se redujeron los feriados, entre ellos, numerosos feriados religiosos, con el objetivo de aumentar la productividad y se aprobó una reforma de la Constitución para la Separación Iglesia-Estado. 

El 11 de junio de 1955 se hizo la Procesión de Corpus Christi en Buenos Aires donde izaron la bandera pontificia, prendieron fuego el pabellón nacional y arrancaron placas de homenaje de Eva Perón, como respuesta a esto el Poder Ejecutivo exonero a monseñor Manuel Tato y a monseñor Ramon Novoa.



El 21 de diciembre de 1953 se firma un acta de unión económica entre Argentina y Ecuador, y el 9 de septiembre de 1954 se firma otro acta de unión económica con Bolivia. Se creó la empresa distribuidora Gas del Estado, para la distribución de aquel recurso. Se puso en marcha el primer gasoducto que conectó la ciudad de Comodoro Rivadavia con la Ciudad de Buenos Aires, de una longitud de mil seiscientos kilómetros. Fue inaugurado el 29 de diciembre de 1949, siendo el primero de su especie en Sudamérica y el más largo del mundo para ese momento, se construyó además sin financiamiento externo. Pero tras el golpe de Estado de 1955 no se llegaron a construir las válvulas y terminales para que el gasoducto fuera capaz de transportar gas a los hogares. A su vez, la reforma constitucional nacionalizo los yacimientos petroleros, haciendo así de YPF un monopolio estatal.​ 

También a partir de 1953 a 1955 se construyeron los autos justicialistas, pero tras la caída de Perón la producción se frenó y nunca más se siguió. En su segundo mandato Perón continuó su plan de ampliación de los derechos políticos de los habitantes de los territorios nacionales, impulsando la provincialización de todos los territorios que aún restaban: Chubut, Formosa, Misiones, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz y Tierra del Fuego (éstos dos últimos fusionados en una sola provincia). Estas medidas fueron parcialmente anuladas por la dictadura que derrocó a Perón en 1955, cuyos habitantes perderían así los derechos que les otorgaba la provincialización. 

En 1955 el gobierno funda el Instituto Balseiro que forma profesionales en Física, Ingeniería Nuclear, Ingeniería Mecánica, Ingeniería en Telecomunicaciones y postgraduados en Física, Física Médica e Ingeniería.

Derrocamiento

Desde 1951, sectores cívico-militares antiperonistas habían llevado a cabo actos terroristas a través de los denominados «comandos civiles».

El 16 de junio de 1955 los comandos civiles, integrados por conservadores, radicales y socialistas, junto con la Marina de Guerra y sectores de la Iglesia católica intentaron un golpe de Estado que incluyó el Bombardeo de la Plaza de Mayo y el centro de la ciudad de Buenos Aires con un saldo de más de 364 muertos y centenares de heridos. El ataque se produjo con 20 aparatos de la Aviación Naval, cerca del mediodía, sobre la multitud que se encontraba en una manifestación. Los ataques continuaron hasta las 18. El Ejército instaló tanques y baterías antiaéreas para proteger al presidente, por lo que a los insurgentes se les ordenó atacar a los miembros del Ejército y a los civiles que apoyaban a Perón. Finalmente, los atacantes pidieron asilo político en Uruguay. 

El evento también conocido como la Masacre de Plaza de Mayo, fue el bombardeo y simultáneo ametrallamiento aéreo, cometido el 16 de junio de 1955 en la ciudad de Buenos Aires (Argentina). Ese día, un grupo de militares y civiles antiperonistas, utilizando varios escuadrones de aviones pertenecientes a la Aviación Naval, bombardearon y ametrallaron con munición aérea de 30 mm, la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, así como el edificio de la CGT (Confederación General del Trabajo) y la entonces residencia presidencial, matando a más de 308 personas e hiriendo a más de 700, entre civiles y militares (en el bombardeo y los combates que siguieron).​ 




En 2010 se publicó una investigación oficial realizada por el Archivo de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos que identificó a 308 muertos, aclarando que a esa cantidad debían sumarse "un número incierto de víctimas cuyos cadáveres no lograron identificarse, como consecuencia de las mutilaciones y carbonización causadas por las deflagraciones".

Luego de los ataques, Perón pidió calma a la población, pero algunos peronistas fueron a quemar iglesias, porque en los aviones estaba pintado Cristo Vence y se dieron cuenta que la iglesia tuvo algo que ver. Por primera vez en años de censura, los opositores pudieron utilizar los medios de difusión estatales. Pero para entonces los partidos opositores no estaban tampoco interesados en llegar a un acuerdo con Perón, y utilizaron la oportunidad para difundir su oposición al gobierno y denunciar la falta de libertades. Poco después Perón dio por concluidas las conversaciones.

El 16 de septiembre de 1955 las Fuerzas Armadas derrocaron a Perón, con el apoyo de EEUU y Gran Bretaña. La CGT, sectores del peronismo e incluso sectores opositores a Perón fueron a reclamar armas para impedir la toma del poder por los militares, pero Perón se las negó, para evitar una Guerra Civil y se exilió temporalmente en Paraguay. Finalmente se instaló en Madrid, en el barrio residencial de Puerta de Hierro. Allí se casó con la bailarina María Estela Martínez de Perón, Isabelita, a quien había conocido en Panamá, en 1956.